Hipatia, la criatura perfecta

Hipatia, la criatura perfecta

Matemática, astrónoma y filosofa neoplatónica; nació en Alejandría hacia el año 370 d.C. Esta ciudad era convulsiva porque convivían diversas corrientes culturales y religiosas, donde el conflicto no se daba solo entre cristianos y paganos; sino entre grupos cristianos y también entre el poder político y religioso.

Por tal motivo, ese ambiente no era el idóneo para una mujer que iba a sobresalir en el mundo del saber pero su padre, el matemático y pensador Teón, último conservador de la denominada segunda Biblioteca de Alejandría, decidió hacer de ella su heredera.

Para ello le proporcionó una formación muy superior a la de otras mujeres de su época; viajó al extranjero y permaneció varios años en Atenas, donde estudió con Plutarco y Temisteo, fundadores de la escuela neoplatónica y donde fue premiada con la corona de laurel, que solo se otorgaba a aquellos pensadores que se distinguían por su talento.

Su padre había conseguido crear su criatura perfecta según los cánones de la cultura clásica; pero esa situación no llegaría a buen puerto.

El motivo era muy simple y complejo a la vez, las autoridades eclesiásticas, siempre temerosas de que cualquier disidencia les llevara a perder poder político, comenzaron a socavar el prestigio que día a día iba alcanzado la joven Hipatia.
El pueblo la admiraba por su sobriedad para vestir, por su voluntad de mantenerse virgen y dedicarse a la ciencia y por su rechazo a acumular bienes materiales; sin embargo nada de todo eso serviría para salvar su vida.

Para el patriarca de Alejandría Hipatia era una enemiga peligrosa. Además, gozaba de una amistad personal del prefecto romano de Alejandría, Orestes y otros notables por lo que debía acabar con ella pero el la respetaba.

Todo cambió cuando el patriarcado pasó a manos de Cirilo; a éste nada iba a detenerlo; su estrategia fue buscar de alguna manera, la complicidad del pueblo.
Entonces, expandió el rumor de que la científica practicaba la hechicería y que, en consecuencia, pretendía hacerse con la voluntad de todos los cristianos para apartarlos de la fe verdadera.
Su artimaña surtió el efecto deseado y una multitud fue a buscarla, la desnudaron y la arrastraron por las calles hasta llegar a un templo, el Cesáreo, donde le arrancaron la piel, luego descuartizaron su cadáver y lo quemaron en una pira.
Lo peor de todo, según la autora del libro “Mujeres de Vida Apasionada” es que los asesinos estuvieron convencidos de haber eliminado a una bruja cuando en realidad nunca pensaron que con semejante acto, lo que habían acabado era con la libertad de pensamiento.

Tras la muerte de Hipatia, Orestes pidió a Roma una investigación sobre el linchamiento y lo único que consiguió fue tener que huir de Alejandría y abandonar su cargo.

En cuanto al obispo Cirilo, fue canonizado y su santidad esta reconocida por la iglesia católica, copta y ortodoxa.

Quisiera terminar el articulo con una frase de la propia Hipatia:
“Defiende tu derecho a pensar porque incluso pensar de manera errónea es mejor que no pensar”

Fuente
“Mujeres de vida apasionada”, María del Pilar Queralt del Hierro.

1 comment

Desgraciadamente el fanatismo y la oquedad siguen estando en las masas. No en la población pensante. Hoy lo seguimos viendo en las redes sociales con la agresión con la que se condena al que piensa diferente. Esto es muy peligroso que nos lleva a la anarquía

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *