Gambito de Dama

Gambito de Dama

Una de las mejores series que vi durante el 2020, pandemia mediante, fue “Gambito de Dama” (The Queen’s Gambit, se puede ver en Netflix), transcurre durante la década más convulsionada y transformadora, en muchos sentidos, del siglo pasado, los años 60.

La historia se basa en las vicisitudes de una joven y compulsiva jugadora de ajedrez. Es muy entretenida, y seguramente también muy interesante para los amantes de ese juego-ciencia.

Pero además tiene excelentes pantallazos de todos los tiempos sobre el amor, el abandono, la muerte, la maternidad (biológica y adoptiva), la revolución sexual de la mujer, la discriminación, la amistad, la rivalidad, las adicciones, la redención y mucho más. Y un final abierto y esperanzador donde el amor, en cualquiera de sus formas, puede ser posible entre los diferentes pueblos y su gente.

Y como si todo esto fuera poco, esta historia me llevó a dos espacios literarios maravillosos. El primero, debido al título de la serie, me retrotrajo a mis años adolescentes donde leí por primera vez a William Faulkner (estadounidense, 1897-1962, Premio Nobel de Literatura 1949).
El libro se llama “Gambito de Caballo”, es un conjunto de seis relatos donde uno de ellos lleva el título del libro y donde el ajedrez suele ser, en algunas ocasiones, como un hilo conductor del relato. Este libro puede ser un buen primer paso para entrar en el complicado mundo faulkneriano, a través de esas historias del sur de los Estados Unidos, que no por ello dejan de ser universales.

Y el otro recuerdo que vino a mi memoria es un maravilloso poema de Borges, siempre presente, que se titula “Ajedrez”, y que aquí reproduzco:

I
En su grave rincón, los jugadores
rigen las lentas piezas. El tablero
los demora hasta el alba en su severo
ámbito en que se odian dos colores.

Adentro irradian mágicos rigores
las formas: torre homérica, ligero
caballo, armada reina, rey postrero,
oblicuo alfil y peones agresores.

Cuando los jugadores se hayan ido,
cuando el tiempo los haya consumido,
ciertamente no habrá cesado el rito.

En el Oriente se encendió esta guerra
cuyo anfiteatro es hoy toda la Tierra.
Como el otro, este juego es infinito.

II

Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada
reina, torre directa y peón ladino
sobre lo negro y blanco del camino
buscan y libran su batalla armada.

No saben que la mano señalada
del jugador gobierna su destino,
no saben que un rigor adamantino
sujeta su albedrío y su jornada.

También el jugador es prisionero
(la sentencia es de Omar) de otro tablero
de negras noches y de blancos días.

Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonía?

El Omar al que hace referencia el poema no es otro que mi compatriota, Omar Khayyam, astrónomo, matemático y poeta persa, (Nishapur 1048 – Nishapur 1131), del cual recomiendo sus Rubaiyatas y Rimas Orientales, bellísimas perlas poéticas.

Yolanda Abrahamian.

2 comments

No la vi. Pero la voy a tener en cuenta. Si la serie está ambientada en la década del ’60 que ha producido tantos cambios a todo nivel: político, social, musical, protestas contra el orden establecido. Rechazo a las guerras colonialistas etc. Y un gran cambio que involucra al género femenino con su revolución sexual.

Normis
Pero conforme la sugerencia de Yolanda, seguro que valdra la pena.
Sin lugar a dudas, la decada del 60 en el siglo XX tiene un lugar mas que ganado a fuerza de mucho trabajo en distintos campos.

Cordialmente
Bibiana

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