¿Verdad o Relato?

¿Verdad o Relato?

“¡Olvídate del matadero!” Con este mandato como guía, Minsk – el criado opa de don Esteban –  reflexiona hasta la mortificación respecto de sus sentimientos y su obediencia; y con ello nos interpela de modo profundo respecto del sentido de las cosas.

¡Olvídate del matadero! Una y otra vez resuena amenazante en la frágil y obsesiva mente del personaje no entiende por qué; pero sabe el costo de no hacerlo.

Serán consecuencias físicas y morales.

El personaje mencionado, con una alfabetización poco menos que elemental y una afectividad infantil, va “dialogando” consigo mismo y con su madre muerta acerca de una serie de experiencias que entran en conflicto: un día de faena en el matadero tal como la vivió; y la versión que, de ese hecho, su patrón Don Esteban; plasmó en la novela.

No sólo lo atormenta la orden amenazante de su patrón que, advertido de que Misky leyó su manuscrito, quiere que lo borre de su memoria.

También lo atormenta, no entender por qué tanta amenaza y porqué la visión de la novela es tan distinta de su propia vivencia.

Una característica del personaje es que mantiene una obsesión por las letras y las palabras, acompañada de una memoria prodigiosa. Lee con frenesí tanto un edicto, un aviso comercial, una nota de almacén, o palabras sueltas. Y lo aterra, la idea que por olvidar el texto de don Esteban, olvide letras y no pueda volver a leer.

Una y otra vez, Misky, lee y va recordando los hechos que relata Don Esteban y va descubriendo cómo ese relato no condice con lo que recuerda. Y no es sólo un matiz.

En su recuerdo, una faena típica con los altercados propios de la circunstancia, en que los parroquianos se disputan algunos cortes; pero en el relato del patrón, es un enfrentamiento sangriento que muestra la violencia política que impera.

Así entonces esa disparidad de “versiones” sobre un hecho nos lleva a considerar la frágil ilusión de las historias “verdaderas”.

Pero la divergencia de versiones no es la única incógnita que lo atormenta, lo atormenta, también el dilema de obedecer o ser castigado. Y algo más: si el castigo es tan grave como el riesgo de perder las palabras. ¡Qué alegoría!

Se juegan aquí las cuestiones de la memoria como valor, como reivindicación, la censura, el silencio impuesto y todo lo que nos interpela como sujetos históricos.

Pero la cuestión no es lineal, todo lo contrario.

Es que todo hecho humano, cultural, histórico puede verse, sentirse, contarse de diversas maneras; pero ¿cuál es cierta?, ¿cuál es la verdad? ¿Qué hay de verdad en un relato?, Existe La verdad?

Demasiadas preguntas para un breve comentario; pero sirven de señalamiento para comprender que las personas conocemos a través de nuestras propias experiencias y nuestras percepciones no pueden ser objetivas.

El sujeto que conoce, lo hace a través de su propia subjetividad, y esa subjetividad transforma, traduce lo percibido y lo cuenta, lo relata como lo percibió, como cree que lo percibió y como cree que debe transmitirlo; pero, ¿y la verdad? ¿Existe LA VERDAD?

La verdad objetiva sólo puede verse en las leyes físicas, como que el calor dilata los metales, y ello puede comprobarse; pero los fenómenos culturales como la Historia, la Política, el Arte, el Derecho, etc.  sólo pueden comprenderse.

Y esa comprensión es un proceso complejo que involucra todos los planos de nuestra propia subjetividad- construida a su vez- en una subjetividad comunitaria.

Nuestra biografía nos marca límites de esa comprensión con nuestros prejuicios y valoraciones, la mayoría de ellas heredadas a través de la “leche temprana” como dice Serrat en Esos locos bajitos.

De ello, consideramos como inapropiado el antagonismo entre verdad y relato; como si este último fuera una alternativa falsaria de la verdad, única e inconmovible

Según a quien preguntemos, sobre la obra, las respuestas pueden ser, entre muchas, las siguientes:

a) la alegoría de un opa arquetípico;
b) una denuncia contra la opresión patronal;
c) una crítica a la obra de Echeverría
d) una reivindicación del gobierno de Rosas
e) una muestra del problema del conocimiento
f) un alegato a favor de la libertad de pensamiento
g) etc. etc.

Si yo debiera responder, diría que ninguna de las respuestas puede excluirse a priori; ni que alguna deba desplazarse a expensa de otra; pero sin dudas, que se trata de una maravillosa expresión artística, de dramaturgia sólida y excepcionalmente interpretada.

¡No se la pierdan!

Datos para tener en cuenta:

Autoría: Pablo Finamore, Claudio Martínez Bel

Actúan: Pablo Finamore

Supervisión dramatúrgica: Mauricio Kartun

Dirección: Claudio Martínez Bel

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