Exquisitos para mirar pero no para comer, son los huevos Fabergé

Exquisitos para mirar pero no para comer, son los huevos Fabergé

Con motivo de la celebración de las Pascuas durante el mes de abril, pensé en hablar sobre los huevos pero no sobre los de chocolate en todas sus versiones sino sobre unos huevos que son exquisitos para mirar y admirar.

Les presento los Huevos Fabergé; 50 piezas decorativas en forma ovalada que fueron encargados por la familia imperial rusa entre los años 1885 y 1916.

Todo comenzó como un regalo del emperador Alejandro III a su esposa, María Fyodorovna, durante la Pascua que celebra anualmente la Iglesia ortodoxa. Pero su belleza y particularidad hizo que la familia real los convirtiera en una tradición. Por eso, cada año, el emperador ordenaba un nuevo huevo para su esposa. Su hijo, Nicolás II, continuó con el legado una vez falleció el zar.

Su diseñador fue Peter Carl Fabergé, nació en San Petersburgo en 1846, era hijo del joyero alemán Gustav Fabergé. A la muerte de su padre en 1882, él se hizo cargo de la joyería ubicada en la entonces capital rusa.

Después de haber “incubado” el primer huevo para la familia real, logró ser nombrado el “joyero de la corte imperial”. Su carrera fue brillante desde entonces; su negocio fue tan importante que se expandió fuera de Rusia, abriendo tiendas en Londres y Odesa.

No obstante, su fama no solo la adquirió por su conexión con la dinastía Romanov sino que algunos expertos reconocen el enorme talento artístico de Gustav. Su vida no fue la misma desde la caída del imperio ruso en 1917 ya que debió abandonar el país y murió en Suiza en 1920.

Se dice que los famosos “huevos” fueron “empaquetados” junto con otros tesoros de los Romanov y llevados a la Armería del Kremlin y luego de unos años, Joseph Stalin, líder de la Unión Soviética, vendió 14 de esos huevos para atraer divisas extranjeras a Rusia.

Algunos huevos terminaron en colecciones privadas, museos y otras instituciones. No obstante, se desconoce el paradero de 8 de ellos. Actualmente, según varios historiadores y expertos en arte, estas piezas tienen un valor “incalculable”.

Existen 69 huevos catalogados, creados entre 1885 y 1917 (año de la Revolución Rusa), de los cuales 8 están desaparecidos. De los 69 huevos, 52 fueron encargados por la familia imperial, motivo por el cual reciben el nombre de huevos imperiales.

Actualmente 10 huevos imperiales se encuentran en la Armería del Kremlin y 9 en el Museo Fabergé de San Petersburgo, 5 huevos se  pueden apreciar en el Museo de Bellas Artes de Virginia (Estados Unidos).  Aunque no lo crean, la reina Isabel II de Inglaterra poseía tres de los huevos imperiales. El resto se encuentran repartidos en diversos museos y colecciones privadas.

Para los que quieran ver un Fabergé real y auténtico, debe visitar el Museo Fabergé que se encuentra en San Petersburgo y fue inaugurado en 2013. Se trata de un museo privado que alberga los huevos de Pascua más caros del mundo, unas extraordinarias piezas de la orfebrería rusa de los siglos XIX y primeras décadas del XX.

 

Fuentes

www.bbc.com/mundo

www.rusalia.com/museo

 

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