¿Regresan las ventanas del vino?

¿Regresan las ventanas del vino?

Pareciera que no hay nada nuevo bajo el sol, que todo se recicla, se modifica, se transforma, se convierte, se reconvierte, muta, pero nos seguimos sorprendiendo o espantando.
Lo que parece moda, muchas veces no lo es y por ello en este articulo hablaremos de modalidades de venta y pandemia.

Todo empezó cuando a mediados del siglo XVI (aproximadamente 1550) en medio de una crisis comercial, se les permitió a las familias nobles que elaboraban vinos en sus viñedos de la Toscana, que lo vendieran directamente desde sus palacios en ciudades como Florencia.

Las Ventanas del Vino (buchetta de vino) se ubicaban en las fachadas de las casas y palacios de las familias productoras de vinos, a una altura de alrededor de un metro del suelo para facilitar la transacción.

Fue entonces cuando se abrieron pequeñas ventanas directamente en sus palacios y previo pago de unas monedas, servían el vino, bien a través de pequeñas garrafas – las típicas fiaschi de vidrio recubiertas de paja trenzada del Chianti – o rellenando jarras o botellas que los propios clientes traían.

Es decir, una venta de producto similar al modo de venta que hoy conocemos como “todo suelto”, donde en algunos locales se debe llevar su propio envase o en su defecto a archifamoso “take away”.

Pero, llegó la peste negra a Italia alrededor del 1630, y con ella la imposibilidad de vender cara a cara; fue entonces que volvieron las “viejas ventanas” que, en esa oportunidad, se utilizaban para vender vino sin contacto para evitar el riesgo de contagio.

En una especie de informe firmado por el erudito de la época Francesco Rondinelli y dirigido al Gran Duque Ferdinando II de Medici que lleva por título “Relazione del contagio stato in Firenze” y que abarca el periodo entre los años 1630 y 1633, relata que el pago por la compra del vino se recibía a través de una cuchara de metal en lugar de las manos y que las monedas inmediatamente se sumergían en vinagre para desinfectarlas. También cuenta que evitaban manipular frascos o envases que traían los clientes, de modo que lo compraban ya envasados o bien lo rellenaban con una cánula o tubo de metal a partir de sus recipientes.

Pasaron unos siglos y con el cambio de regulaciones y hábitos, las ventanas del vino y otros productos (aceites, cereales) se fueron clausurando gradualmente; otras se perdieron en las inundaciones de 1966 hasta el punto que muchos florentinos nunca habían oído hablar de ellas, y mucho menos sus visitantes, según explica la Asociación Buchette del Vino, creada en 2015.

Pero 2020 nos sorprendió nuevamente y una pandemia está entre nosotros. Paso el tiempo y sin embargo, aquellos comerciantes como los de hoy tuvieron que agudizar el ingenio para sobrevivir y no contagiarse porque ambas pandemias, la de antes y la de ahora, podían sellar nuestro destino.

Pero Florencia nos asombró, esta vez no por su belleza sino porque revivió un modo de comerciar como en el 1630 y es a través de las famosas “ventanas de vino”, pero esta vez los comerciantes no solo ofrece vino, sino cafes, cappucchinos, helados y aperol spritz y además, rescato con ellas un patrimonio histórico y cultural.

Desde 2020, los turistas y amantes de Florencia tendrá la excusa perfecta para regresar y disfrutarla pidiendo un aperol spritz en alguna buschetta de vino, que podría tener mas de 400 años.

Para mas información, ingresa a buchettedelvino.org

Fuentes
elenviador.com
leisureandlux.mx

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